LA MUERTE EN UNA P**A
Abro los ojos, son casi las seis a.m., estoy solo (como de costumbre), me sirvo una taza de café negro (esta muy frío); Abro la prensa, las mismas macabras noticias y en medio de tantas columnas, una fotografía de una mujer, me esta sonriendo, es Anne aquella mujer nocturna y vulgar.
Ella murió, hace varios meses, y sale como un espectro de la prensa; yo dejo caer las hojas al piso, ella, esta exibiendose semidesnuda al igual que cuando estaba viva; veo su rostro algo pálidos, sus labios carnosamente sensuales que contrastan con su nueva y hetera personalidad.
Me hace la misma propuesta indecorosa que me hacia en vida y a la cual nunca sucumbí.
La amo, aunque este muerta, comienzo a jugar a ignorarla, no me resigno a su muerte debe ser que por eso aun la veo, comienzo a creer que fue el único que la quiso, ya que en su funeral nadie lloró, es obvio, pues cada vez que muere una p**a nadie la llora.
La amo, amo esa esencia de mujer, amo la compañía que me ofrecía, mirándome desde mi cama, casi todas las noches después de que la llegara de trabajar y yo empezara a hacerlo en mi escritorio.
Puede decirse que disfruto de este juego matutino, ya que todas las mañanas me siento vivo a costa de su muerte; ella recrimina el trato que le doy luego me sonríe y me guiña un ojo.
En su cara, veo la marca de una cortada en la frente que ella muestra orgullosamente como si fuera un lunar más, tal vez, pienso yo sea la marca de su agresor.
Ella se acerca a mí, ofreciéndome ese concierto de curvas caderas que en vida le asegurara el sustento; empieza a caminar lentamente, me abraza pasando sus manos por mi espalda, me besa el rostro, mientras mis ojos están cerrados para percibir el contacto hace que recuerde tantos intentos fallidos por seducirme… esta vez me dejo llevar.
Ella deja caer el pareo de velo que cubre su torso, sus pechos aun conservan la forma y firmeza que tantas veces admire mientras trabajaba, al tocarlos siento la tersura de su piel; me besa el cuello y con cada beso que me da siento una punzada en él estomago, y aun con los ojos cerrados veo brillos rojos que se opacan bajo la luz de una luna aterrorizada, mientras tanto ella sube hasta mi oído y con sus labios besándome, aumentan las visiones, hasta que ella con su voz de tono aterciopelado y algo ronco me dice:
Vez hasta que recordaste, la muerte no es tan mala… ya recordaste.
De golpe le retiro sus manos de mi cuerpo ella sonriente me mira con una comprensión nunca vista en ella y me dice:
- Ese maldito, hijo de pe**a nos mató a los dos, en la primera y la única noche que me dijiste que si.