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Terra
La Coctelera

la mujer de hierro

LA MUJER DE HIERRO

Hace tiempo cuentan los sabios ancianos, de una mujer que en una ocasión le robaron el alma, y sufrió tanto que decidió volverse fuerte, tan fuerte como el hierro, y nunca mas volver a mirar hacia atrás.

Cuando intentaron ver que llevaba por dentro, encontraron tanta fuerza, igual que la del hierro, y no pudieron ver nada… .

Era tan fuerte, que una vez quiso dibujar y al tomar los lápices entre sus manos, estos se hicieron polvo…

En cierta ocasión quiso cantar, y cogió una guitarra que en sus manos se volvió aserrín y de su voz salieron sonidos metálicos y se confundió tanto que penso en salir a caminar, en su paseo, vio un jardín de rosas y una de ellas se abrió ante sus ojos, entonces la mujer ante este espectáculo lloró…

Y la mujer que era de hierro de oxido.

ESPERANDO EN UNA HOJA DE PAPEL

ESPERANDO EN UNA HOJA DE PAPEL

Una tarde se sentó a esperar su llamada y mientras la espera se tornaba angustiosa, tomo su lápiz y algo de papel, comenzó a escribir, algo en lo profundo de su pecho le dijo que el no llamaría, pero ella hizo caso omiso mientras escribía como la soñaba, como lo pensaba, como lo pensaba, como lo idealizaba, dibujaba corazones volando sobre el papel, dibujaba su nombre entre la tierra y el suelo…

Paso el tiempo, y el no llamo, ella lloro, se desespero, se deprimió, dejo de escribir, dejo de esperar.

Se levantó, decidida, ya no se gastaría más en el asunto, iba a olvidarlo, y fue entonces cuando él la llamó; ella indiferente le habló, lo había olvidado, ella, ya no estaba para él, y sorpresa, el entonces, había perdido todo su tiempo mientras esperaba junto al teléfono, una llamada de ella mientras la pensaba, la soñaba, la imaginaba la idealizaba, dibujando corazones volando, y escribiendo su nombre entre el cielo y el suelo dentro de una hoja de papel.

ELLA FRENTE AL ESPEJO II

ELLA FRENTE AL ESPEJO II

Ahí estaba ella, la vanidosa y ególatra, sentada peinando su larga cabellera, su rostro es hermoso, labios color rosa pálido y ojos color azul mar.

Su vestido largo ajustado con corsé, le ciñe la cintura y abulta sus prominentes senos, ella se dice a sí misma:

"cuantos hombres, desearían tenerte… "

Pero con su carácter eso es imposible, ya que pasa todo el día frente al espejo.

Una noche, al igual que las otras, después de volver del trabajo, se da un baño de leche, su ego de diosa le dice que se lo merece …

Cuando termina, se seca su cuerpo con una toalla de algodón, y luego se viste.

Al encontrarse frente al espejo ve a la mujer altiva que se refleja, de pronto su gemela de cristal cambia la expresión de su rostro y su cuerpo.

Sus ojos muestran una soledad abrumadora, saliendo como cascadas en forma de lagrimas, que ruedan por sus mejillas; mientras tanto ella se encuentra asombrada por lo que esta pasando.

Fue en cuestión de segundos en que su gemela deja de serlo, dentro del espejo quedo una mujer derrumbada a punto de ahogarse en sus propias lagrimas.

Ella sintió compasión por la mujer del espejo, sintió su amargura, su soledad, quiso tocarla y se sorprendió aun más cuando su mano atravesó el cristal, entonces penso en abrazarla para confortarla, al abrazarse ambas mujeres se fundieron en una sola quedando dentro del espejo… y quien lo diría ella había pasado su vida frente al espejo y ahora viviría para siempre dentro de él.

LA MUERTE EN UNA P**A

LA MUERTE EN UNA P**A

Abro los ojos, son casi las seis a.m., estoy solo (como de costumbre), me sirvo una taza de café negro (esta muy frío); Abro la prensa, las mismas macabras noticias y en medio de tantas columnas, una fotografía de una mujer, me esta sonriendo, es Anne aquella mujer nocturna y vulgar.

Ella murió, hace varios meses, y sale como un espectro de la prensa; yo dejo caer las hojas al piso, ella, esta exibiendose semidesnuda al igual que cuando estaba viva; veo su rostro algo pálidos, sus labios carnosamente sensuales que contrastan con su nueva y hetera personalidad.

Me hace la misma propuesta indecorosa que me hacia en vida y a la cual nunca sucumbí.

La amo, aunque este muerta, comienzo a jugar a ignorarla, no me resigno a su muerte debe ser que por eso aun la veo, comienzo a creer que fue el único que la quiso, ya que en su funeral nadie lloró, es obvio, pues cada vez que muere una p**a nadie la llora.

La amo, amo esa esencia de mujer, amo la compañía que me ofrecía, mirándome desde mi cama, casi todas las noches después de que la llegara de trabajar y yo empezara a hacerlo en mi escritorio.

Puede decirse que disfruto de este juego matutino, ya que todas las mañanas me siento vivo a costa de su muerte; ella recrimina el trato que le doy luego me sonríe y me guiña un ojo.

En su cara, veo la marca de una cortada en la frente que ella muestra orgullosamente como si fuera un lunar más, tal vez, pienso yo sea la marca de su agresor.

Ella se acerca a mí, ofreciéndome ese concierto de curvas caderas que en vida le asegurara el sustento; empieza a caminar lentamente, me abraza pasando sus manos por mi espalda, me besa el rostro, mientras mis ojos están cerrados para percibir el contacto hace que recuerde tantos intentos fallidos por seducirme… esta vez me dejo llevar.

Ella deja caer el pareo de velo que cubre su torso, sus pechos aun conservan la forma y firmeza que tantas veces admire mientras trabajaba, al tocarlos siento la tersura de su piel; me besa el cuello y con cada beso que me da siento una punzada en él estomago, y aun con los ojos cerrados veo brillos rojos que se opacan bajo la luz de una luna aterrorizada, mientras tanto ella sube hasta mi oído y con sus labios besándome, aumentan las visiones, hasta que ella con su voz de tono aterciopelado y algo ronco me dice:

Vez hasta que recordaste, la muerte no es tan mala… ya recordaste.

De golpe le retiro sus manos de mi cuerpo ella sonriente me mira con una comprensión nunca vista en ella y me dice:

- Ese maldito, hijo de pe**a nos mató a los dos, en la primera y la única noche que me dijiste que si.